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¿Por qué vale la pena incluir programas de humanidades en la universidad?

Por Uniclaretiana el 17 septiembre, 2018

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Producir, producir y producir. En los últimos años las universidades han enfrentado a una crisis sobre qué programas deberían tener más relevancia dentro de una institución de educación superior. El afán por encajar con estándares internacionales o por priorizar los programas que representan más ganancias, más ingresos o más inscripciones para la universidad resulta en instituciones que subordinan la educación a la maximización de la ganancia con la menor inversión posible. Esto, en palabras de la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, se denomina la mercantilización de la educación. Hoy en Uniclaretiana te queremos contar por qué esta forma de ver la educación no está acorde con la realidad en la que vivimos. ¡acompáñanos!

Hoy en día todos aspiramos a ser más humanos, queremos un trato más humano, una comunicación más humana, una interacción más humana y así sucesivamente. Queremos ser más en lugar de tener más, pero irónicamente los programas de humanidades tienden a desaparecer. Parece que nos gusta el adjetivo “humano”, pero no reconocemos la importancia del mismo ni en el mundo académico ni en el mundo laboral.

No reconocer el valor de los profesionales en humanidades es negar la necesidad de formar especialistas capaces de enfrentarse a problemas humanos y complejos de la mejor manera posible. Los profesionales en ciencias humanas se desempeñan en diferentes espacios y se encargan de capacitar, acompañar y asesorar a las personas para que sean ciudadanos conscientes y críticos de su realidad, permitiéndoles entender su entorno como un todo que tiene componentes morales, históricos, sociales, políticos e incluso religiosos.

La desaparición de los profesionales en ciencias humanas se traduciría en un hecho concreto y preocupante: sociedades y comunidades que no son capaces de ir más allá de lo aparente o de juzgar críticamente la realidad en la que viven y cómo esta les afecta personalmente; ciudadanos que solamente siguen opiniones populares sin dudar o cuestionar.

Resulta aún más preocupante que incluso organismos internacionales como la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) o proyectos como el Tunning insistan en este tipo de políticas, apoyándose en la idea de progreso y de cambio. Podemos pensar que detrás de esto existe el propósito de modelar ciudadanos y trabajadores incapaces de pensar de forma crítica, expertos en trabajos tecnificados adaptados al consumismo deshumanizado y utilitarista donde la dignidad y el valor de la persona humana han sido reducidos a la mera utilidad.

Ese es precisamente el argumento que han utilizado para respaldar esa visión de la educación: hay que darle prioridad a las novedades para avanzar, cambiar y crecer más rápido. En eso se respaldan las instituciones que les dan más importancia a las carreras del área de la tecnología, las ingenierías o los negocios.

Pero la innovación no debería ser un argumento para desestabilizar la enseñanza de las humanidades en la educación superior. De hecho, así somo resalta la filósofa Matha Nussbaum, una comunidad que comprende su realidad, sus problemas políticos, económicos y sociales es un escenario ideal para que surjan ideas innovadoras. En sus palabras “para dar con una idea o con un proyecto exitoso, es necesaria una imaginación ambiciosa y entrenada. La educación que se centra en las habilidades técnicas aprendidas de memoria no atiende bien las necesidades de los negocios y la industria, tal como lo reconocen y manifiestan con frecuencia los educadores líderes en negocios.” (Martha Nussbaum, 2015)

Esta discusión es aún más pertinente en un país como Colombia, escenario social que está pasando por un momento crucial en el proceso de transformar una larga historia de conflicto armado interno. El razonamiento crítico hace posible el debate y el diálogo, elementos esenciales para la reconciliación. La empatía promovida por la literatura y las artes aporta otro ingrediente crucial para el proceso de diálogo, pues las personas no pueden dejar atrás un conflicto sin entender la experiencia de los agentes en el otro lado. Y el estudio de la historia ayuda a que las personas vean cómo el conflicto ha trascendido en el pasado y proporciona un productivo marco conceptual para la reflexión sobre el futuro.

 

Así, es evidente que desaparecer las humanidades del panorama educativo no promueve el cambio o la innovación, como prometen algunos organismos internacionales. Por el contrario, limita las posibilidades para innovar y crear. En Uniclaretiana somos conscientes de esta convergencia y por eso mismo creemos firmemente en la necesidad de formar profesionales y especialistas en ciencias humanas. Nuestra universidad está enfocada en brindar formación humanística en integral en cualquiera de los programas académicos.

 

 

Temas: Estudiar Trabajo Social

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